Cartas de amor caducadas
Estos disparates, perpetrados con nocturnidad y alevosía, tienen que ver con el amigo Jesús Calonge, que es nuestro enviado especial al romanticismo. Por ello, le traigo aquí estos recuerdos de ciertas cartas de amor caducadas. Eso sí: antes de escribirlos, le he pedido a la memoria: "Por favor, quíteles el precio porque es para un regalo".
Veamos: las cartas de amor debieran de tener, como los demás productos perecederos, fecha de caducidad. Cuántos padecimientos se habrían evitado si, antes de leer una carta de amor caducada, hubiéramos visto en el sobre: "Leer antes del 04-06-2006″, por ejemplo.
Antiguamente, la caducidad de una carta se conocía, a veces, por el color amarillento del sobre. Pero, ahora, tenemos en el disco duro del ordenador cientos de cartas de amor que parecen escritas ayer mismo, esta mañana. Las abrimos a golpe de "ratón", las leemos como si fueran nuevas, y aún nos dan ganas de darle a "responder" y seguir hablando de dulzuras allí mismo donde lo habíamos dejado.
Entonces, ¿qué sucede con la correspondencia amorosa guardada en un disco duro cuando alguien lo formatea? Si en el amor nada se pierde, ¿cómo serán hoy aquellas ternuras, grabadas ahora en otros bites, en otras direcciones de memoria? ¿Dónde demonios irán a guardarse aquellas palabras? ¿En una hoja de cálculo? ¿En un programa de diseño?
Yo comencé a escribir cartas amorosas en un colegio mayor de Murcia. Pasábamos en aquel colegio una hambruna que ni os cuento. Las familias de algunos compañeros enviaban a sus retoños gloriosos paquetes con embutidos, rosquillas, y hasta botes de leche condensada. Como mi madre no me enviaba ni una postal, para aliviar el hambre tuve que establecerme como escritor de cartas de amor por encargo, cobrando por ello en jamón, morcillas, Nescafé o mantecadas.
¡Cuántas cartas escribí entonces para acallar la voz impetuosa de mi estómago! Cartas de fuego, cartas melancólicas, alegres, tristes, desengañadas. Qué amable me parecía aquella humanidad enamorada que pasaba por mi habitación, la número 55, a recoger "sus" cartas, recién escritas, para enviarlas en el tren correo de la noche.
Aún recuerdo bien a muchas de las novias a las que escribí a cambio de un bote de leche condensada. Recuerdo a la novia de Luis, la de Carlitos, la del "Paraca", la de Tomás. El bueno de Tomás eran tan tímido que yo escribía, en su nombre, cartas tartamudas y algo arreboladas.
A todas aquellas mujeres quise mucho, y jamás engañé a ninguna. Sólo conocí en persona a una de ellas. Fue en Albacete, una mala tarde otoño. Mi compañero de colegio había muerto en un accidente y ella, su novia, me dijo: "¡Ay! Si tú supieras qué cartas me escribía desde el Colegio Mayor".
A veces, conviene preguntarse quién escribió las cartas de amor que hoy recibimos. Y, de paso, mirar si figura en el sobre la fecha de caducidad




Comentarios sobre Cartas de amor caducadas
Número mágico ... 55
Películas que adoro contienen ese número ... 55 días en Pekín ... Hawai 5.0 ... Las aventuras de los 5 ... mi próximo cumple ... 55 años.
... solamente una vez recibí una carta de Amor ... es desgarradora ... está entre mis libros ... muchas veces la releo ... y pienso ... ¿cómo alguien tan insignificante pudo inspirar deseo ... ternura ... amor ... ?
Los sentimientos no tienen fecha de caducidad ... ¡jamás!
María